Hueco

Martín Farnholc Halley

Texto de sala Klara Walczak

10.10.2020 al 15.02.2021

VISTA-SALA-I

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Una fábula circuló hace mucho tiempo atrás y convirtió a los osos en supuestos símbolos de Rusia; se trataba de un engaño. Una de las principales tareas de los osos eran las ejecuciones. Un convicto era cosido en una piel de oso y lanzado a los perros, que acababan arrancando la piel del oso-disfraz y mordiendo al hombre-real que estaba adentro. La piel del oso era un señuelo, ocultaba otra cosa. Un ágalma en versión rusa sangrienta. Ágalma puede significar adorno u ornamento, pero en la raíz de la palabra ágalma, hay escondida una idea de brillo y de trampa. ¿Por qué adornarse? Quizás porque las obras son presentadas para ser elogiadas, y es de esa manera que hacen intervenir al otro. El brillo es una trampa para encantar, captura para los ojos, al mismo tiempo que nos preguntamos qué nos estará ocultando.

                                                                           *
Los objetos se alteran al ser fetichizados por la superficie luminosa y sospechamos que algo esconden por detrás, donde la opacidad es difícil de agarrar. Como una especie de hechizo del que sólo podemos ver la capa brillante de una envoltura, no podemos sacarle los ojos de encima. 

                                                                           *

En la dimensión opaca, las cosas aparecen confusas y algunos sentimientos oscuros despiertan a los monstruos. Mientas lo que resplandece mantiene el encanto adherido a los ojos como si fuera plasticola, la opacidad -sin perder tiempo-, se aprovecha del descuido para tomar las paredes. Ahora, ¿podemos estar seguros de lo que vemos?

                                                                            *

Los sentimientos turbios avanzan hasta cubrir como un manto toda la superficie; por debajo se escucha al coro de los monstruos cantar ♫♪ “fui más feliz cuando te fue mal a vos que cuando me fue bien a mi” ♪♫.

                               *

¿Qué podemos ver desde los ojos del envidioso? Si la envidia cobrara forma material, la imagino como un insecto. En un libro de ciencia ficción, encontré la representación en insecto de la envidia, una especie de “Dios Ciempiés, con cuerpo de ciempiés, colmillos venenosos que brotan de las glándulas del cuello y una cabeza translúcida de hombre en la que el cerebro brilla al rojo vivo tras unos ojos rojos facetados. Su mordedura causa la muerte con una agonía terrible, la víctima se asa viva”[i]. ¿Y quién no siente un calor mortal cada vez que vemos a alguien tener una idea brillante? Un ciempiés que nos recorre las tripas, sube hasta meterse en nuestros ojos y ya nada es lo que parece, todo lo real se convierte en una trampa y las señales para salir están en nuestro interior, en el que ya no podemos confiar. Como una especie de trompe l’oeil venenoso que nos impide poder ver dónde están ubicadas algunas partes de nuestro propio cuerpo.

                                                                           *

Zona turbia del equívoco, mamushka de sentidos. Una misma pregunta puede encontrar varias respuestas y una palabra inocente puede convertirse en un insulto.

                                                                          *

Llegamos a un lugar donde lo opaco y lo brillante conviven.
El material es un lenguaje, y en el campo del lenguaje no hay más que contradicciones y malentendidos. Por más seguro que alguien esté de lo que dijo, nunca puede saber lo que el otro escuchó. Pero hay algo aún peor: ¿Qué te dice tu fantasma al oído?

                                                                           *

Martin juega a hacerse el ingenuo para engañarnos a todos.

Les deseo lo mejor,

Klara Walczak


[i] Burroughs, William S., “Las tierras occidentales”, El cuenco de plata, 2020.